Con aire renovado y varias caras nuevas, el Brasil de Carlo Ancelotti se impuso con un sólido 3-1 ante Croacia en Orlando. El técnico italiano metió mano en el equipo y realizó seis cambios respecto al once que venía de enfrentar a Francia: Bento fue el arquero; Ibáñez ocupó el lateral derecho; Marquinhos volvió a la zaga central; Danilo Santos se metió en el mediocampo; y, en ataque, aparecieron Luiz Henrique y João Pedro. La apuesta no solo sorprendió: también funcionó, y todos estuvieron a la altura.
El arranque, de todos modos, fue de Croacia, que manejó la pelota y lastimó con centros y ataques por las bandas. Pero a Brasil le alcanzó una chispa. Vinicius aceleró, frenó en seco dentro del área y dejó pasar de largo a tres rivales tras un gran pase de Cunha. Con la jugada ya armada, asistió a Danilo, que definió de zurda y con potencia para vencer a Livakovic. El volante de Botafogo, una de las apuestas de Ancelotti, respondió con gol y presencia. A pesar de eso, la primera mitad tuvo a los europeos como protagonistas, con un Casemiro incómodo y laterales que sufrían en defensa.

Cuando el partido entraba en su tramo final y parecía encaminado, una desatención entre Danilo y Marquinhos, sumada a una salida apurada de Bento, le abrió la puerta al empate de Lovro Majer, que definió tras un buen pase de Toni Fruk. Pero Brasil no se desordenó y respondió rápido: Sutalo tocó levemente a Endrick dentro del área y el juvenil, muy vivo, hizo el resto para que sancionaran penal. Igor Thiago, recién ingresado, lo cambió por gol y puso el 2-1 que trajo alivio. Ya en el cierre, una contra letal —de esas del Madrid de Ancelotti— terminó con Martinelli marcando el 3-1 definitivo.
Más allá de la polémica por el penal, Brasil dejó buenas sensaciones con esta versión renovada. Y, en medio de esa competencia, el que también sale bien parado es Alisson: sin atajar, sigue firme en la consideración, sobre todo frente a los altibajos que mostraron Ederson y Bento.
