Con dos goles agónicos en el tiempo suplementario, Argentina venció este sábado 3-1 a Suiza en Kansas City y se aseguró un lugar entre los cuatro mejores del Mundial 2026. El equipo de Lionel Messi volvió a atravesar un partido cargado de tensión y ahora tendrá enfrente a Inglaterra en una semifinal que promete ser de máxima intensidad.
Para los argentinos, ver jugar a su selección se transformó en una experiencia donde el sufrimiento ocupa un lugar central. Se padece dentro de la cancha, en las tribunas, frente a la televisión y en cada pantalla callejera donde los hinchas siguen el partido con el corazón en la mano. Pero junto al nerviosismo aparece una certeza que se repite: la confianza en que el equipo siempre encuentra una respuesta cuando el partido entra en su tramo decisivo.

Esta Argentina no deslumbra ni enamora por su fútbol. No domina desde el brillo ni construye sus victorias con una superioridad evidente. Su principal virtud está en la resistencia, en la capacidad de mantenerse de pie cuando las dificultades aparecen y en esa cuota de fortuna que muchas veces acompaña a los equipos que siguen creyendo. Ganar le cuesta, pero también demuestra una enorme capacidad para competir cuando la presión aumenta.

Para Messi, el duelo ante Inglaterra tendrá un condimento especial. Será su primer enfrentamiento mundialista contra el conjunto británico, exactamente 40 años después de aquella actuación inolvidable de Diego Maradona ante el mismo rival. En 1986, el ídolo argentino escribió una de las páginas más recordadas de la historia del fútbol al marcar dos goles que quedaron para siempre: el “Gol del Siglo” y la “Mano de Dios”.

Argentina llega a la instancia decisiva con una fórmula que no siempre convence desde el juego, pero que mantiene intacta la ilusión. Un equipo que sufre, que pelea y que quizás no brilla como en Qatar 2022, pero que sigue avanzando porque sabe ganar.
