Anestesia y estocada: El triunfo incontestable de una España que hizo ver pequeños a todos

España es la nueva campeona del mundo, y lo logró pulverizando a cada gigante que se le puso enfrente.
Luis de la Fuente se convierte en el segundo entrenador español en levantar la Copa del Mundo. (Foto: Mutsu Kawamori/AFLO/Shutterstock)

Te puede gustar más o te puede gustar menos. Puedes reclamar vértigo, fantasía o un fútbol de ida y vuelta. Pero la realidad es una sola e incontestable: España es la nueva campeona del mundo, y lo logró pulverizando a cada gigante que se le puso enfrente. La Furia Roja firmó una Copa del Mundo de una madurez táctica asombrosa. Un equipo que no necesitaba despeinarse para dominar; dormía los partidos, hipnotizaba al rival con un tejido infinito de pases y, cuando la víctima aflojaba la guardia, le asestaba una punzada letal y definitiva.

Lo más impresionante de este título no es solo el trofeo, sino la sensación de impotencia que dejó en sus rivales. Enfrentar a España fue, para todos sus oponentes, una pesadilla donde terminaron viéndose pequeños y desconectados.

(Foto: © Jose Breton/AFP7 via ZUMA Press Wire)

La trituradora de potencias: Cristiano, Francia y Messi

El camino de España hacia la gloria fue un auténtico aviso para la historia del fútbol:

  • El adiós de Cristiano Ronaldo: Mientras medio planeta suspiraba por ver a CR7 en una última final soñada, España se cruzó en el camino de Portugal, manejó los tiempos con una frialdad quirúrgica y lo mandó a casa.
  • El baño táctico a Francia: Era el gran favorito de todos. El plantel galo asustaba con Kylian Mbappé a la cabeza y una camada aterradora con Olise, Dembélé y Barcola. ¿El resultado? España los neutralizó por completo, desnudó sus falencias y los hizo ver muy mal en semifinales.
  • Anular a la Argentina de Messi: La gran final fue la obra cumbre de este bloque. La Albiceleste, flamante campeona defensora, no pudo disparar ni una sola vez al arco en todo el encuentro. Anular de esa manera a una selección de tanta jerarquía es algo casi inédito en las finales del mundo.
(Foto: ZUMAPRESS.com / MEGA TheMegaAgency.com sales@mega.global)

Una muralla de un solo gol en contra

Detrás de la posesión había una estructura defensiva imperial. Unai Simón completó un torneo para el recuerdo: apenas encajó 1 solo gol en todo el Mundial hecho por Bélgica en cuartos. En la final, producto del cerrojo de sus compañeros, fue prácticamente un espectador de lujo con vista privilegiada.

Por delante de él, la pareja de centrales compuesta por Aymeric Laporte y Pau Cubarsí estuvo sencillamente infranqueable. Mezcla perfecta de veteranía y la soltura de un juvenil fuera de serie. En las bandas, Marc Cucurella y Pedro Porro no solo cerraron sus laterales con candado, sino que fueron válvulas de escape constantes para darle amplitud al equipo en ataque.

La máquina del mediocampo y la pizarra de De la Fuente

Si España tuvo un motor, ese fue su mediocampo. Sobraba de dónde elegir:

  • Rodri: Elegido con total justicia como el Mejor Jugador del Mundial. El termómetro, el eje y el equilibrio absoluto de la Roja.
  • Dani Olmo: La mente maestra. El jugador distinto que leía los espacios entre líneas antes que nadie.
  • Fabián Ruiz y Pedri: Dinámica, pausa y criterio en cada posesión.
  • Mikel Merino: El héroe de las sombras, apareciendo desde el banquillo para destrabar momentos críticos.
  • Y en ataque Mikel Oyarzabal: Cumplió con creces en el rol de "9" funcional, fajándose con los centrales y sacando aplausos a medida que pasabanlos partidos.
Mikel Oyarzabal anotó cinco goles en el Mundial, igualando el récord español en una Copa del Mundo. Emilio Butragueño marcó cinco goles en México 1986 y David Villa hizo lo propio en Sudáfrica 2010. En la imagen, Oyarzabal corta la red del arco para llevarse un recuerdo más de la final en Nueva Jersey. (Foto: AP Photo/Adam Hunger)

En el banquillo, todo el crédito para Luis de la Fuente. Con la templanza de quien sabe exactamente lo que hace, manejó el vestuario con maestría, metió los cambios en los momentos precisos y transmitió una calma competitiva que terminó contagiando a los 26 convocados.

El arco de redención: Ferran Torres y Nico Williams

Al debe en el brillo individual quedaron, quizás, dos de las grandes perlas mediáticas de esta selección: Lamine Yamal y Nico Williams. La marca escalonada de los rivales, y sus desconcectraciones, le restaron ese desequilibrio electrizante que suelen mostrar, especialmente al jovencito blaugrana. Sin embargo, los grandes equipos tienen esos destellos de jerarquía cuando más falta hace.

En el momento de la verdad, Nico inventó una asistencia fantastica para habilitar a Ferran Torres. El delantero, que venía siendo blanco de duras críticas y miradas de reojo, nunca bajó los brazos. Creyó, atacó el espacio y mandó guardar el balón que valía una Copa del Mundo. Del murmullo a la gloria eterna.

España vuelve a tocar el cielo con las manos. Sin estridencias, sin necesidad de gustarle a los puristas del vértigo, me incluyo, pero con una superioridad aplastante que borró del mapa a los mejores del planeta.

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