Hace veinte años, Cristiano Ronaldo llegó a un Mundial con el vértigo propio de quien apenas comenzaba a escribir su historia. En Alemania 2006 marcó un gol y fue parte de una Portugal que alcanzó las semifinales, aunque todavía lejos del protagonismo goleador que construiría con el tiempo. Desde entonces, cada Copa del Mundo mostró una versión distinta del portugués.

En Sudáfrica 2010 volvió a anotar una sola vez antes de la eliminación en octavos ante España. Cuatro años después, en Brasil, también convirtió un gol, pero Portugal ni siquiera superó la fase de grupos. Parecía poco para un futbolista que ya dominaba el fútbol europeo.
El gran quiebre llegó en Rusia 2018. Sus cuatro goles en la fase de grupos, incluido el inolvidable triplete frente a España, representaron el Mundial más explosivo de su carrera, aunque el recorrido terminó en octavos.
En Catar 2022 volvió a marcar una vez, pero el protagonismo comenzó a repartirse con una generación que pedía espacio. Cristiano seguía siendo el símbolo, aunque ya no cargaba solo con el peso de la ilusión portuguesa.

Este Mundial tiene una particularidad: Hubo una ronda de dieciseisavos. Y también tiene un Cristiano diferente. Ahora llega a octavos de final con tres goles, sin haber deslumbrado con su juego pero apareciendo en momentos claves como contra Uzbekistán y Croacia. Pareciera que ya no necesita brillar en cada jugada para dejar huella. La evolución de Cristiano en los Mundiales no se mide solo por sus goles, sino por la manera en que aprendió a liderar mientras el tiempo seguía corriendo.
El Lunes 06 de Julio, Cristiano y compañía buscarán una revancha que tienen pendiente hace 16 años cuando también en octavos, un España que terminó siendo campeón del mundo, les apagó el sueño. Veremos si puede reescribir la historia en este tipo de torneos.
