Se bajó el telón de la Copa del Mundo y en las islas británicas el debate está al rojo vivo. Por un lado, la frialdad de los números dice que esta Inglaterra firma un tercer lugar histórico, su mejor posición en una cita planetaria desde aquel mítico título conquistado en casa en 1966. Se dice pronto, pero tuvieron que pasar 60 años para volver a ver a los Three Lions subidos al podio. Sin embargo, el sabor en el ambiente es agridulce, atrapado entre la euforia de la despedida y ese inevitable remordimiento de saber que el techo estaba para más.
Gigantes individuales: Bellingham y Kane en los libros de historia
Si algo dejó claro esta edición, es que la columna vertebral de Inglaterra tiene jerarquía de sobra para competir en el olimpo del fútbol.
- Jude Bellingham: Lo del volante fue una actuación de época. Cerró su participación con 7 goles, convirtiéndose en el mediocampista más goleador en una sola edición de la Copa del Mundo. Un registro colosal que reescribe la historia de la selección y de los Mundiales.
- Harry Kane: El capitán volvió a ser el faro del equipo. Más allá del apartado goleador, ofreció un catálogo de liderazgo, aguantando balones de espaldas, generando juego y apareciendo con temple en los momentos de mayor presión cuando la pelota quemaba.

La redención de Bukayo Saka en una tarde de locura ante Francia
El duelo por el bronce frente a la Francia de Kylian Mbappé —a priori la gran candidata al título antes de tropezar en semifinales— amenazaba con ser un trámite aburrido. Terminó siendo un espectáculo salvaje que acabó en un 6-4 monumental a favor de los británicos.
Y en esa lluvia de goles, el gran titular lo firmó Bukayo Saka. Cuestionado y señalado por parte de la prensa durante varios pasajes del torneo, el atacante pegó un puñetazo sobre la mesa firmando un hat-trick memorable para desarmar a la defensa gala. Una exhibición de carácter que sirvió para acallar críticas, igualar a Lionel Messi en Hattricks anotados en esta edición, y asegurar la medalla de bronce.
El pecado de Tuchel y la espina argentina
Pese a la fiesta del cierre, la herida de la semifinal contra Argentina sigue abierta. Ese partido dejó al descubierto los vicios de un Thomas Tuchel excesivamente pragmático, que prefirió resguardar la ventaja renunciando al balón y regalando metros, una decisión que terminó pagando carísima ante la rebeldía albiceleste. Ese exceso de cálculo en el momento cumbre privó a esta generación de jugar la final para la que parecía destinada.

Aun con los cuestionamientos al banquillo y el trago amargo frente a los sudamericanos, la selección inglesa se despide de este Mundial con la cabeza muy alta, un podio histórico y la certeza de contar con un bloque capaz de dominar el panorama internacional en los años por venir.
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