El Inter se sacó rápido de encima el golpe europeo contra el Brujas y, pese a no tener al lesionado Lautaro Martínez, metió un triunfazo 3-1 en su visita al Bolonia para estirar la diferencia en la cima de la Serie A. La primera mitad del conjunto de Milán fue un contraste brutal: adelante brilló con una asistencia fina de Barella coronada por Thuram, pero en el mediocampo y la defensa fueron débiles por todos lados. Con un Zielinski totalmente desdibujado y un fondo que era vulnerable ante cada estocada rival, la visita sufría muchísimo para conectar líneas sin su capitán.
El Bolonia aprovechó ese desconcierto inicial para adueñarse de las acciones y generar peligro constante con triangulaciones precisas en tres cuartos de cancha. Los locales desbordaban con facilidad por las bandas ante la floja marca de un Luis Henrique que nunca hizo pie en el partido. El mediocampo interista regalaba espacios imperdonables y permitía que el rival manejara los hilos a placer durante largos tramos. Así, el dueño de casa encontró la ventaja parcial y dejó al descubierto todas las dudas tácticas del puntero en la primera etapa.
La historia dio un vuelco total en el complemento cuando el técnico movió el banco buscando reacción urgente ante semejante pálido panorama. Tras algunas apariciones aisladas de Sucic, el ingreso de Bonny y las variantes en los laterales cambiaron el ritmo del partido por completo. A los 68 minutos, una patriada iniciada por el recién ingresado Diouf terminó con el tanto agónico de Carlos Augusto para dar vuelta el marcador parcial.

Lejos de venirse abajo, el gigante italiano volvió a hacer gala de su templanza en territorio ajeno. Ya era la cuarta vez en el torneo que empezaba perdiendo y terminaba dando vuelta la tortilla con autoridad. Sobre el final, el propio Bonny empujó la pelota a la red tras una gran jugada colectiva para sentenciar el 3-1 definitivo. Así, los de Milán mandan con solidez y le meten toda la presión a sus perseguidores en la lucha por el título.
